José Antonio Pagola, 70 anos, autor de "Jesús. Aproximación histórica" diz que aprendeu o Evangelho mais com sua mãe que nas Universidades.
Por José Luis Celada - Vida Nueva - Jueves, 3 de enero 2008

Después de largos años de responsabilidades eclesiales y un
estudio honesto y minucioso de la figura del Galileo, en JESÚS. Aproximación
histórica (PPC) José Antonio Pagola ha querido compartir con
sus lectores –creyentes y no creyentes– el resultado de sus afanes. En su obra,
"la fe no ha sido un principio de interpretación histórica, pero sí el mejor
estímulo para estudiar la vida de Jesús", reconocía el sacerdote y teólogo vasco
en una entrevista publicada en Vida Nueva (nº 2.584). Y aunque confesaba no
haber sentido incompatibilidad alguna entre su esfuerzo de investigación
histórica y su fe cristiana, sí quería dejar claro que "una cosa es el Jesús
histórico y otra el Cristo de la fe". "Hablar de manera confusa de todo esto
–advertía Pagola– me parece un retroceso, y no hace bien ni al conocimiento
concreto de Jesús ni a la fe cristiana". Lo entrevista José Luis Celada
en Vida nueva.
¿Ha cambiado la imagen que tenía de Jesús después de escribir este
libro?
Nunca he dejado a lo largo de mi vida de estudiar a Jesús,
pero quizás no era consciente de todo lo que ha matizado durante estos últimos
años la investigación histórica. Me han impresionado aspectos como su compasión,
que ocupa el centro de su vida y es la motivación de todo; que para él Dios sea
un Padre que está introduciéndose en el mundo, tratando de hacer la vida más
humana, empezando por los últimos; me ha impresionado mucho su cariño y el trato
a la mujer, me ha sobrecogido su muerte, cómo pasó la última noche, qué pudo
sentir… Todo ello, el verlo globalmente, de manera más unitaria, te permite
tener un conocimiento muchísimo más vivo de Jesús. Ha sido, sin duda, lo mejor.
¿No se ha agotado ya el estudio sobre Jesús, y lo que hace falta es dar
un paso más: seguirle?
Jesús está aún por conocer. El cristianismo no ha dado
todavía lo mejor, y el estudio interdisciplinar de Jesús nos está ayudando a
descubrirlo con unos matices insospechados. El propio Papa habla de la vivacidad
y de la profundidad que le está dando la investigación histórica a la figura de
Jesús.
¿Hasta qué punto se proyecta en su obra la personalidad del autor?
Los lectores lo dirán. Sí puedo decir dos cosas: primero, que
me he esforzado, de manera muy consciente, en no quedar encerrado en la
reconstrucción que pueda hacer un autor concreto. Y, segundo y quizás más
importante, en el proceso de elaboración –y lo digo con cierto pudor– he hecho
una cosa que nunca había hecho: después de conocer las posiciones de los
diversos autores, evaluarlas y hacerme un juicio, he pasado mucho tiempo en
silencio, tratando de sintonizar con Jesús, hablando en segunda persona con él:
"Yo ya sé lo que dicen los exegetas, historiadores, arqueólogos, pero ¿tú, que
has dejado detrás tantos interrogantes y discusiones, quién eres? Para un
creyente, es muy difícil hacer un trabajo serio, honesto, de aproximación a
Jesús, sin que termine de alguna manera en una oración o en un diálogo con él.
El resultado los lectores lo juzgarán.
¿En qué medida puede contribuir su libro a desmontar esas "imágenes
enfermas de Dios" que tanto dañan a la vida cristiana?
No lo sé. Me he esforzado especialmente en tratar de decir
con palabras claras y sencillas cómo le vive Jesús a Dios. Así, hay páginas
donde se habla del Dios amigo de la vida, que se interesa más por la vida
dichosa y digna de las personas que por el culto, la religión o el sábado; un
Dios que busca a los perdidos, no condenándolos desde lejos, sino buscándoles
desde cerca; un Dios que es feliz cuando nos ve felices a nosotros… Me
impresiona mucho cómo contempla Jesús a Dios: nunca lo ve desentendido de su
proyecto de transformación de la humanidad, por eso Jesús tiene esa capacidad de
ver el lugar privilegiado que los últimos ocupan en el corazón de Dios. Esta
imagen fresca, viva, de un Dios compasivo, amigo de la vida, pienso modestamente
que sí puede contribuir a promover otra experiencia diferente de Dios.
Deja claro que no se trata de una confesión de fe, pero ¿no es preciso
tener fe para escribirlo?, ¿y para leerlo?
Como aparece en el título, se trata de una aproximación
histórica a Jesús. Sin embargo, nunca he sentido incompatibilidad entre mi
esfuerzo de investigación histórica y mi fe cristiana en Jesús como Hijo de Dios
hecho hombre por nuestra salvación. Pero, precisamente porque creo que Dios se
ha encarnado en Jesús, me interesa muchísimo saber cómo es Jesús, este hombre
lleno de Dios, animado y habitado por Dios, qué defiende, qué actitud adopta
ante el sufrimiento, cómo se acerca a los últimos, cómo critica una manera
determinada de entender y vivir la religión…
¿Dónde se sitúa la frontera entre el investigador y el creyente al
abordar un trabajo de estas características?
Creyentes y no creyentes, si deciden investigar honestamente
al Jesús histórico, tienen que acudir al método histórico-crítico, y no a su fe
cristiana, ni musulmana, o judía, ni tampoco a su ateísmo o a su filosofía
agnóstica. Para mí, la fe no ha sido un principio de interpretación histórica,
pero sí el mejor estímulo, para estudiar la vida de Jesús. Los historiadores no
me van a dar todo el misterio último que se encierra en Jesús, mi fe no depende
de los resultados de los estudios de Crossan, Borg, Brown, Meier…, pero
precisamente porque creo que Dios se ha encarnado, me intereso por saber en qué
hombre lo ha hecho. Por eso, me resulta difícil entender, que haya personas que
subrayan con fuerza la encarnación y el carácter divino de Jesús, pero luego no
se preocupan en absoluto por saber cómo es el hombre en el que Dios se ha
encarnado.
¿A quién va dirigida o quiere estar dedicada esta obra?
He pensado en muchos cristianos que no conocen
suficientemente a Jesús, aunque le aman de verdad; pero también muchísimo en los
no creyentes. Suelo decir que Jesús es patrimonio de la humanidad, no sólo
propiedad de los cristianos. He pensado, sobre todo, porque trato con ellos, en
tantas personas decepcionadas ante el cristianismo real que conocen y que se han
distanciado de la Iglesia, pero que hoy andan buscando sentido, buscando a Dios,
y no saben a qué puerta acudir o llamar. Para ellos Jesús podría ser la gran
noticia de su vida. He pensado también en personas que lo ignoran casi todo de
Jesús, que su nombre no les dice gran cosa; en cristianos practicantes, buenos,
que, sin embargo, difícilmente podrían balbucear una síntesis medianamente fiel
a Jesús. Y he pensado en los jóvenes, porque me encuentro con muchos que
rechazan a la Iglesia, pasan de religión, pero se sienten secretamente atraídos
por Jesús.
Ahora bien, poco a poco, según iba avanzando en mi estudio, he pensado cada vez
más en los últimos. Jesús tenía el corazón y la mirada puestos en ellos. Para
mí, lo más grande sería que, por caminos que yo no puedo ni sospechar, que este
Jesús llegara a los últimos. Pienso, por ejemplo, en enfermos crónicos,
discapacitados, los hambrientos del mundo, que llegara a Latinoamérica… He
pensado en las mujeres maltratadas, en las prostitutas… Nada me gustaría más que
llegar a los últimos, también a los que son últimos para la Iglesia, porque
están olvidados por nosotros.
¿Está ya superada la distinción entre el Jesús de la historia y el
Cristo de la fe?
Creo que no. Una cosa es el Jesús real, fáctico, que vivió en
la Galilea de los años 30, y otra distinta es el "Jesús histórico", al que
tratan de recuperar con más o menos acierto los investigadores. Y otra cosa es
el Cristo de la fe cristiana, es decir, el Cristo en el que los cristianos
descubrimos el misterio último encerrado en Jesús, Hijo de Dios hecho hombre por
nuestra salvación. Hablar de manera confusa de todo esto me parece un retroceso,
y no hace bien ni al conocimiento concreto de Jesús ni a la fe cristiana.
Las deserciones de la Iglesia se multiplican, pero la gente vuelve con
fuerza a Jesús. ¿Cómo aprovechar el tirón de su figura para trabajar en la
pastoral de alejados?
Por una parte, veo que Jesús atrae mucho a bastantes personas
alejadas de la Iglesia. La persona viva del Jesús del Evangelio les resulta
mucho más atractiva que el catecismo, y su lenguaje, mucho más seductor que el
de los teólogos, por ejemplo. Y, desde luego, su mensaje les resulta mucho más
actual que nuestras cartas pastorales y nuestras encíclicas. Y hay un segundo
dato: siempre que hablan de la Iglesia, la perciben –justa o injustamente–, como
una dificultad, un problema, un obstáculo para acercarse a Dios.
La conclusión es muy simple: si Jesús atrae y la Iglesia no, parece claro que la
Iglesia atraerá cuando se parezca más a Jesús, cuando nuestras actitudes,
nuestro lenguaje y, sobre todo, nuestro corazón se parezcan un poco más al de
Jesús. Sólo una Iglesia capaz de mostrar un rostro más claro, más sencillo, más
accesible, más limpio de Jesús, atraerá. Porque Jesús es lo mejor que tiene la
Iglesia.
Dice también que "seguir a Jesús es vivir con compasión". ¿Cómo andamos
en la Iglesia de compasión?
Aquí, entre nosotros, andamos mal. Muchas veces la jerarquía
habla a los hombres y mujeres de hoy con muy buena voluntad, pero desde lejos, y
con poca comprensión y poca compasión. Los teólogos igual, no tenemos más
compasión que la jerarquía: hacemos teología muchas veces sin apenas sufrir en
nuestra carne y en nuestro espíritu el sufrimiento del hombre de hoy:
hambrientos, mujeres asesinadas en su hogar, pateras… Volver a Jesús sería poner
la compasión en el centro de la Iglesia. Porque la compasión por el hombre y la
mujer de hoy es quizá lo único que puede hacer a la Iglesia más humana y más
creíble. Por eso, la Iglesia más fiel a Jesús es probablemente ese ejército de
cristianos y cristianas que gastan su vida al servicio de gentes marginadas,
olvidadas o humilladas.
Ha reconocido en alguna ocasión que, a estas alturas de su vida, ha
aprendido a vivir en esta Iglesia "sin ahogarse". ¿Cuál es su secreto?
Porque hay quien asegura que cuanto más se conoce a Jesús más
desengañado se siente uno con la Iglesia. No hay secretos. No podría vivir en
esta Iglesia si no fuera porque en ella encuentro a Jesús y a muchísimos
seguidores y seguidoras auténticos. A mí Jesús no me lleva a desengañarme de la
Iglesia, sino a entrar por un camino de conversión. Y hoy no podría vivir en
ella si no es comprometido en su conversión a Jesús y al reino de Dios. Estoy
cansado de tantas descalificaciones mutuas de unos a otros y de tan poco
esfuerzo de conversión.
¿Cómo convertir el cristianismo en el verdadero reino de Dios?
Es la gran tarea: poner a la Iglesia al servicio del reino de
Dios. Y mi libro puede contribuir un poco a ello. Jesús no nos llama a
convertirnos a Dios, sin más, de manera abstracta, sino a "entrar" en la
dinámica del reino de Dios; no nos invita a buscar a Dios, como se suele decir
tantas veces, sino a "buscar el reino de Dios y su justicia". La Iglesia no
tiene otra misión que ésta, abrir caminos al reino de Dios en el mundo:
anunciar, testimoniar, pedir, acoger el reino de Dios, un reino de compasión, de
justicia, de paz verdadera… Me da pena ver que muchos cristianos no han oído
hablar con claridad del proyecto de Dios de humanizar el mundo, no saben que es
la única tarea de la Iglesia. Como decía muy bien el Vaticano II, la Iglesia
está llamada a contribuir a mejorar y a humanizar la vida. Muchos cristianos no
sospechan –¡qué pena!– que, para vivir como Jesús, hay que vivir con la pasión
que él tenía por anunciar y promover el reino de Dios.
Supongo que ya ha leído el libro del Papa, Jesús de Nazaret. La pregunta
parece obligada: ¿Cuáles son las diferencias más significativas con respecto al
suyo?
Lo he leído dos veces: en mayo lo leí en francés y ahora en
español. Son dos libros de naturaleza diferente y con objetivos diferentes. Mi
libro se titula JESÚS, y tiene un pequeño subtítulo, para explicar honestamente
qué es: Aproximación histórica. Creo que queda suficientemente claro que es un
esfuerzo, más o menos acertado, de acercamiento histórico a la figura de Jesús.
Éste no es el objetivo del libro del Papa. El suyo es propiamente una
cristología o, como dice él mismo en el Prólogo, "una interpretación teológica
de la Biblia y de Cristo, hecha desde la fe". Más aún, una cristología muy
personal, "expresión de mi búsqueda personal del rostro del Señor". Aquí ya no
habla de Jesús, sino del Señor. Como es natural, el Papa no acude a la
investigación histórica actual, sino a la cristología que va descubriendo en los
escritos del Nuevo Testamento y en la teología de los Padres de la Iglesia. Esto
no significa que minusvalore la investigación histórica. Al contrario, dice que
"el método histórico es y sigue siendo una dimensión del trabajo exegético a la
que no se puede renunciar… La fe misma lo está exigiendo". Luego, preocupado tal
vez de que su trabajo pueda parecer un menosprecio de la investigación moderna,
añade: "Este libro no está escrito en contra de la exégesis moderna, sino con
sumo agradecimiento por lo mucho que nos ha aportado y nos aporta. Nos ha
proporcionado una gran cantidad de material y conocimientos a través de los
cuales la figura de Jesús se nos puede hacer presente con una vivacidad y
profundidad que hace unas décadas no podíamos siquiera imaginar". Me alegraría
de que mi trabajo aportara a la figura de Jesús esta "vivacidad" y "profundidad"
de las que habla el Papa.
¿Algún otro proyecto entre manos?
Tengo un primer proyecto, que es publicar un libro mucho más
breve, sin notas, estructurado bajo forma de preguntas y respuestas. El secreto
de un libro así está en que uno sepa qué preguntas hacer. Si yo pregunto ¿estaba
Jesús casado con la Magdalena?, ¿tenía hermanos?…, estoy echando balones fuera.
Pero si me pregunto ¿cómo le vivía Jesús a Dios?, ¿qué actitud adoptó Jesús
frente a los ricos de su tiempo?, ¿a qué personas se acercó Jesús de manera
preferente?, ¿cómo reaccionaba ante el sufrimiento?, ¿cómo vivió Jesús su
relación con el templo de Jerusalén?…, nos estamos acercando a lo importante.
Pero el verdadero proyecto es otro estudio que podría titularse "Volver a Jesús".
No estoy pensando en un "aggiornamento" ni en una adaptación a nuestros tiempos,
sino en movilizar una conversión a Jesús. Una conversión "sostenida". Un talante
de conversión a Jesús que hemos de transmitir a las siguientes generaciones. Las
preguntas que me hago son de este tenor: ¿Cómo poner a Jesús en el centro del
cristianismo y de las comunidades cristianas? ¿Cómo introducir en la Iglesia la
compasión de Jesús? ¿Qué pasos dar para "convertir" a la Iglesia al servicio del
reino de Dios? ¿Cómo dar por terminado lo que ya no genera vida? ¿Cómo despertar
la conciencia profética? Quiero trabajar despacio (cinco o seis años), en
actitud constructiva, con libertad interior y, naturalmente inspirándome en
Jesús. No sé si tendré fuerzas, pero cada vez me apasiona más.
SU 'AMA', EL CONCILIO Y JERUSALÉN
Hay tres datos en la biografía de este guipuzcoano de Añorga, nacido hace 70
años en el seno de una familia numerosa, que han configurado toda su vida: la
presencia de su madre, la celebración del Concilio Vaticano II y su paso por l'
École Biblique de Jerusalén. Recuerda que aprendió más el Evangelio con su 'ama'
en la cocina de casa que de los catedráticos de Roma y Jerusalén. Más tarde, sus
estudios en la Ciudad Eterna, coincidiendo con la cita conciliar convocada por
Juan XXIII, siguieron forjando la sensibilidad y el carácter de uno de "los
presbíteros que nos ordenamos para convertir la Iglesia al Evangelio".
Finalmente, su estancia en Tierra Santa despertó en él "la pasión por los
profetas de Israel y por Jesús".
Con este 'triple bagaje' a sus espaldas, José Antonio Pagola ha sido luego
profesor de Cristología, rector del Seminario de San Sebastián,
vicario general de la diócesis donostiarra durante más de dos décadas y,
actualmente, dirige el Instituto de Teología y Pastoral, pero, sobre todo,
reconoce tener ahora "la suerte de poder dedicarme a estudiar y dar a conocer a
Jesús". Ya lo hizo allá por los 80, cuando publicó Jesús de Nazaret. El hombre y
su mensaje, con más de una decena de ediciones. Sin embargo, cuando hace ocho
años dejó la Vicaría, se planteó tres prioridades: "No perder el tiempo
dedicándome a cualquier cosa; comunicar sólo aquello en lo que creo de verdad;
y, lo más importante, volver a Jesús". Y decide "estudiar y hablar sólo de
Jesús". Fruto de ese esfuerzo son las miles de horas, retirado en su apacible y
familiar rincón de 'Villa Gentza' –con las Hermanas de la Caridad de Santa Ana–
dedicadas a "tallar" esta Aproximación histórica a la figura de Jesús, un
trabajo con el que "he gozado mucho y he sufrido mucho". Disfrute, porque ha
podido conocer "de manera mucho más viva y concreta cómo era Jesús". Y dolor,
"al verme tan lejos de él y comprobar las grandes desviaciones e infidelidades
de los cristianos".
Ahora, con otros proyectos ya sobre la mesa, José Antonio admite que "escribir
este libro me ha hecho bien, no sé si moralmente soy mejor que antes, pero sí
diferente y, sobre todo, estoy en otro sitio". Asegura verlo todo "con más
claridad", tiene "una libertad y una audacia para decir cosas que antes ni me
atrevía" y, sobre todo, ha aprendido a "vivir desde la fe, desde el horizonte
del reino de Dios, no sólo desde el horizonte pequeño de la Iglesia". Él habla
de "un proceso hasta cierto punto de conversión": "Vivo la realidad del mundo y
de la Iglesia de otra manera", concluye.
Continuemos participando da História da Humanidade, todos os dias. Mesmo
desconhecidos, brilhamos como astros e estrelas pelo bem que praticamos, pelos
reflexos de nossa paciência perante pessoas e fatos, por nosso arrojo no
caminhar perseverante em sendas desconhecidas e perigosas! Feliz Ano Novo ! Que
Deus nos abençoe! José Vicente de Andrade