20.09.07 @ 13:17:17. Archivado en
Iglesia

Desde el pasado 19 de
septiembre, los obispos de la iglesia episcopaliana (la rama
norteamericana del anglicanismo) están reunidos con Rowan Willians,
el primado de la iglesia anglicana y arzobispo de Canterbury para
decidir si están definitivamente de acuerdo con dos decisiones que
se tomaron el pasado invierno en Tanzania, en la convención general
de los primados anglicanos.
La primera decisión que
ahora se debe ratificar es la que dice que las iglesias
pertenecientes a la comunión anglicana no autorizan el matrimonio
entre homosexuales.
La segunda decisión es
la de la prohibición de que un sacerdote homosexual y con pareja
pueda ser elegido obispo.
El problema que ha
provocado este nuevo encuentro de pastores anglicanos viene ya de
lejos puesto que en el año 2003, la iglesia episcopaliana de los
Estados Unidos nombró obispo a Gene Robinson que vivía abiertamente
con una persona de su mismo sexo.
Aquella ordenación
episcopal fue percibida como un desafío por el resto de iglesias
pertenecientes a la comunión anglicana, que cinco años antes, en
1998 se había pronunciado en contra de la ordenación de obispos
homosexuales, durante la conferencia de Lambeth, que cada diez años
reúne al conjunto de los primados anglicanos.
Rowan Willians no puede
sino hacer uso de su autoridad moral en esta nueva reunión de los
obispos espiscopalianos, porque el arzobispo de Canterbury no goza
de ningún tipo de autoridad jurídica.
Se supone que Williams
pedirá a estos obispos que acaten las decisiones tomadas en Tanzania
hace unos meses, para salvaguardar la unidad de la comunión
anglicana. En caso contrario, si los obispos americanos se niegan a
seguir las dos recomendaciones de aquella reunión, la iglesia
episcopaliana de América se convertirá automáticamente en una
iglesia disidente.
De este consenso
depende mucho la próxima conferencia de Lambeth que tendrá lugar el
próximo mes de julio de 2008 y donde es posible que el tema de la
ordenación de obispos homosexuales y los matrimonios del mismo sexo
vuelva a ser planteada para evitar un posible cisma en el seno de
las iglesias anglicanas.
El problema de la
unidad de la iglesia anglicana no sólo es un asunto interno sino que
repercute duramente en el diálogo ecuménico con la Iglesia católica.
El pasado mes de
noviembre, se reunieron en Roma el arzobispo de Canterbury y el Papa
Benedicto XVI que no dudó en transmitirle al anglicano la
preocupación de la Iglesia católica por la admisión de mujeres al
sacerdocio y los matrimonios entre personas del mismo sexo que ya se
realizan en el seno de la iglesia anglicana y a los que aceptan para
que sean ordenados sacerdotes y obispos.
No obstante, a pesar de
ser el primado de la comunión anglicana, el arzobispo de Canterbury
ha dejado bien clara su postura en favor de la homosexualidad,
afirmando que los cristianos conservadores que citan la Biblia para
condenar la homosexualidad están malinterpretando un pasaje clave
escrito por San Pablo hace casi 2.000 años, porque San Pablo lo que
quería no era hablar de la homosexualidad sino del autoengaño en el
que caen quienes se creen que cumplen las leyes a rajatabla.
Este debate necesita
todavía más tiempo para aclararse definitivamente, dentro de la
iglesia anglicana y dentro de la Iglesia católica. No obstante,
siempre tiene que haber un cabeza de turco, para que las personas
avancen en sus ideas y planteamientos. Hoy le ha tocado a la iglesia
episcopaliana plantear abiertamente el debate, sin que por ello
existan amenazas de expulsión, condena o excomunión, si a caso,
separación, pero nunca con intenciones de invalidez.
En la Iglesia católica,
el planteamiento, de momento está cerrado a cal y canto, apelando a
argumentos bíblicos, ya más que superados, y a explicaciones basadas
en el derecho divino. De esta manera, el diálogo no es posible y
todo intento de cualquier cabeza de turco de la Iglesia católica por
abrir el debate, se le acalla con la imposición del silencio, la
condena o la suspensión del ejercicio del ministerio.
Estaremos atentos a ver
cómo la iglesia anglicana resuelve sus asuntos internos, para tomar
buena nota y empezar, por fin, a hacer un camino parecido en el seno
de la Iglesia católica, si esta no quiere perder comba con lo que
parece ser un clamor popular en la mayoría de las sociedades
modernas y democráticas, de las que las diferentes iglesias forman
parte de manera indiscutible.
La postura del avestruz
hoy en día no es de recibo, y si la Iglesia católica permitiera que
en la cuestión homosexual se escuchara su voz, estaría inmersa en
una problemática de la que difícilmente saldría indemne. ¿Qué es
preferible, una Iglesia “herida” pero abierta a los signos de los
tiempos? O ¿una Iglesia “sana”, pero sorda a lo que los fieles
reclaman a gritos, pero que no se les deja manifestar? |