From: José Vicente de Andrade
To: Mario Palumbo

 Do homossexualismo episcopal extra Igreja Romana para o celibato opcional na Igreja Romana - Voto de confiança na pureza de dom MIlingo



Olá!
Seria conveniente que as pessoas que desejam colocar o dom Milingo como possível interlocutor episcopal junto à Santa Sé trocassem idéias com ele a respeito das realidades da homossexualidade também entre bispos e presbíteros católicos, já que está havendo uma mistura de dispensa de celibato para os padres católicos e a inserção dos grupos de padres e bispos não católicos romanos no rol do grupo ao qual o dom MIlingo, pelo menos originalmente, buscou solução.
 Uma coisa é a opcionalidade do celibato para os clérigos de Ordens Maiores católicos; outra é agregar bispos, padres, pastores e diáconos já casados  e em exercício em diferentes Igrejas em  uma única  "bacia das almas".Por exemplo: o que têm a ver com a Igreja Católica os membros do clero de Igrejas Autocéfalas Nacionais e os de Igrejas classificadas, sem nenhum diferencial significativo como carismáticas, que não exigem o estado oficial celibatário para seus ministros?
Não enxergo como correta a estratégia de admitirmos colocar numa mesma prateleira classificatória, a ICAB, a ICC e as diversas versões das igrejas gregas espalhadas pelas Américas, já como rompidas com a Igreja Autocéfala Grega Nacional de Atenas? E outras que se classificam como ortodoxas, mas que nasceram de rupturas de natureza muito pessoal e até mesmo paroquiais ou regionais? Afinal, os padres católicos casados não podem ser tidos pela Santa Sé como hereges ou cismáticos, pois não estão nem foram colocados fora da "comunhão eclesial", de certo modo como aconteceu com dom Lefbvre e seus seguidores, hoje acolhidos e reverenciados e em serviço na Igreja Católica, alguns até mesmo na Cúria Romana. Conseguiram até Missa Tridentina, em Latim,  para a Igreja toda, mesmo que grande parte dos bispos católicos sejam quase analfabetos em matéria de Latim!
O dom Milingo conseguir uma conversa, argumentando sobre conveniência do celibato opcional na Igreja Católica Romana é uma tarefa, talvez não tão difícil, principalmente porque as mazelas de parte significativa da atual quado da hierarquia católica ordenada - em virdude da eficiência da mídia - se tornaram escandalosas.
Se o dom Milingo - em vez de ficar arregimentando quadros de diversas Igrejas que estão procurando seu crecimento institucional -  para formar uma nova Comunidade forte  cujo diferencial seja apenas a não obrigatoriedade do celibato - conseguir que, a critério dos bispos diocesanos, os padres e bispos católicos romanos já casados e os que se casarem exerçam o ministério [em comunidades específicas, como casas de família e comunidades de base] para o bem da Igreja, com certeza terá feito bem mais do que realizaram em suas dioceses, os bispos santo Agostinho, santo Ambrósio e santo Irineu, respeitáveis administradores e pastores que olharam seus rebanhos.
Sejamos lógicos: quem, de fato, é membro de outras comunidades que a Católica e apenas a imita em rituais e admite o Apostolicon como doutrina e direcionamento, depende da orientação "cismática' ou "herética" de seus bispos, não deve amarrar-se em complicações católico-romanas. Paradoxalmente, a poderosa Curia Romana já não dispõe mais de meios funcionais para impedir, de direito e de fato,que bispos e presbíteros, em situação canônica irregular, exerçam ministérios em comunidades domésticas, à revelia do Papa e dos ordinários locais que ele escolheu.
Pedro [Bento XVI] tem que ouvir e aceitar a atualidade da reprimenda que Paulo [bispos e padres casados], fraternalmente,lhe dirige, concitando-o a ver e acatar a realidade da liberdade da fé para todos.
José Vicente de Andrade
 

Obispos homosexuales: un debate difícil

Permalink 20.09.07 @ 13:17:17. Archivado en Iglesia

Desde el pasado 19 de septiembre, los obispos de la iglesia episcopaliana (la rama norteamericana del anglicanismo) están reunidos con Rowan Willians, el primado de la iglesia anglicana y arzobispo de Canterbury para decidir si están definitivamente de acuerdo con dos decisiones que se tomaron el pasado invierno en Tanzania, en la convención general de los primados anglicanos.

La primera decisión que ahora se debe ratificar es la que dice que las iglesias pertenecientes a la comunión anglicana no autorizan el matrimonio entre homosexuales.

La segunda decisión es la de la prohibición de que un sacerdote homosexual y con pareja pueda ser elegido obispo.

El problema que ha provocado este nuevo encuentro de pastores anglicanos viene ya de lejos puesto que en el año 2003, la iglesia episcopaliana de los Estados Unidos nombró obispo a Gene Robinson que vivía abiertamente con una persona de su mismo sexo.

Aquella ordenación episcopal fue percibida como un desafío por el resto de iglesias pertenecientes a la comunión anglicana, que cinco años antes, en 1998 se había pronunciado en contra de la ordenación de obispos homosexuales, durante la conferencia de Lambeth, que cada diez años reúne al conjunto de los primados anglicanos.

Rowan Willians no puede sino hacer uso de su autoridad moral en esta nueva reunión de los obispos espiscopalianos, porque el arzobispo de Canterbury no goza de ningún tipo de autoridad jurídica.

Se supone que Williams pedirá a estos obispos que acaten las decisiones tomadas en Tanzania hace unos meses, para salvaguardar la unidad de la comunión anglicana. En caso contrario, si los obispos americanos se niegan a seguir las dos recomendaciones de aquella reunión, la iglesia episcopaliana de América se convertirá automáticamente en una iglesia disidente.

De este consenso depende mucho la próxima conferencia de Lambeth que tendrá lugar el próximo mes de julio de 2008 y donde es posible que el tema de la ordenación de obispos homosexuales y los matrimonios del mismo sexo vuelva a ser planteada para evitar un posible cisma en el seno de las iglesias anglicanas.

El problema de la unidad de la iglesia anglicana no sólo es un asunto interno sino que repercute duramente en el diálogo ecuménico con la Iglesia católica.

El pasado mes de noviembre, se reunieron en Roma el arzobispo de Canterbury y el Papa Benedicto XVI que no dudó en transmitirle al anglicano la preocupación de la Iglesia católica por la admisión de mujeres al sacerdocio y los matrimonios entre personas del mismo sexo que ya se realizan en el seno de la iglesia anglicana y a los que aceptan para que sean ordenados sacerdotes y obispos.

No obstante, a pesar de ser el primado de la comunión anglicana, el arzobispo de Canterbury ha dejado bien clara su postura en favor de la homosexualidad, afirmando que los cristianos conservadores que citan la Biblia para condenar la homosexualidad están malinterpretando un pasaje clave escrito por San Pablo hace casi 2.000 años, porque San Pablo lo que quería no era hablar de la homosexualidad sino del autoengaño en el que caen quienes se creen que cumplen las leyes a rajatabla.

Este debate necesita todavía más tiempo para aclararse definitivamente, dentro de la iglesia anglicana y dentro de la Iglesia católica. No obstante, siempre tiene que haber un cabeza de turco, para que las personas avancen en sus ideas y planteamientos. Hoy le ha tocado a la iglesia episcopaliana plantear abiertamente el debate, sin que por ello existan amenazas de expulsión, condena o excomunión, si a caso, separación, pero nunca con intenciones de invalidez.

En la Iglesia católica, el planteamiento, de momento está cerrado a cal y canto, apelando a argumentos bíblicos, ya más que superados, y a explicaciones basadas en el derecho divino. De esta manera, el diálogo no es posible y todo intento de cualquier cabeza de turco de la Iglesia católica por abrir el debate, se le acalla con la imposición del silencio, la condena o la suspensión del ejercicio del ministerio.

Estaremos atentos a ver cómo la iglesia anglicana resuelve sus asuntos internos, para tomar buena nota y empezar, por fin, a hacer un camino parecido en el seno de la Iglesia católica, si esta no quiere perder comba con lo que parece ser un clamor popular en la mayoría de las sociedades modernas y democráticas, de las que las diferentes iglesias forman parte de manera indiscutible.

La postura del avestruz hoy en día no es de recibo, y si la Iglesia católica permitiera que en la cuestión homosexual se escuchara su voz, estaría inmersa en una problemática de la que difícilmente saldría indemne. ¿Qué es preferible, una Iglesia “herida” pero abierta a los signos de los tiempos? O ¿una Iglesia “sana”, pero sorda a lo que los fieles reclaman a gritos, pero que no se les deja manifestar?