Pagola: 'Quieren acallar mi voy y apagarla'
07.01.08 @ 20:38:27. Archivado en
Teólogos
En
los primeros días de este nuevo año de 2008, han aparecido
publicados en la página web de la diócesis de Tarazona diversos
escritos contra mi libro «Jesús. Aproximación histórica»
y contra mi persona. Son cinco firmas diferentes, pero repiten al
unísono la misma condena utilizando incluso las mismas frases y
expresiones. Como es natural, son muchos los que me preguntan cómo
estoy, cómo lo estoy viviendo y qué esta sucediendo. A todos los
que, en estos momentos, se interesan por mí y sufren conmigo les
quiero decir una palabra de aliento.
1. Lo primero que quiero expresaros es que, en el fondo, todo esto
me está haciendo bien. Me purifica, me obliga a
agarrarme a Jesús y me está llevando a identificarme un poco más con
él. Si acierto a vivirlo desde Jesús, esto puede ser una gracia
grande para mí, la gran oportunidad de entregarme totalmente a él y
seguirle fielmente hasta donde sea necesario.
2. Estoy tratando de vivir todo este proceso desde dentro. Pocas
veces había orado con tanta verdad ciertos salmos. Pocas veces había
celebrado la eucaristía tan identificado con ese Jesús «entregado»
por los demás. Estoy repitiendo mucho el salmo 86: en estos momentos
me parece escrito especialmente para mí. Durante el día, repito esas
invocaciones breves que aparecen en los evangelios y que me ayudan a
vivir unido a Jesús. «Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que
te quiero». «Te seguiré adonde vayas». «Padre, a tus manos
encomiendo mi espíritu». «Padre, si es posible, pase de mí este
caliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú»… En
fin, hago lo que puedo. En Jesús encuentro fuerza y paz. ¿Qué
importa que me consideren hereje y arriano? Sólo Dios, ese Dios
encarnado en Jesús, conoce lo que hay en mi corazón.
3. Algo que estoy trabajando mucho dentro de mí estos días son los
sentimientos hacia quienes me condenan. Estoy escuchando desde
dentro las palabras de Jesús a sus seguidores: «No juzguéis a nadie…
No condenéis a nadie. Perdonad». Conozco bien los sentimientos de
Jesús. Por eso rezo por los que me rechazan. Lo hago con
nombres y apellidos. Pienso de verdad que, en el fondo, no
saben lo que están haciendo. No quiero dejar entrar en mi corazón
reacciones, sospechas, prejuicios o sentimientos que nunca saldrían
del corazón de Jesús. Le pido a él que me ayude a poner un poco de
luz, de cordura humana y de sensatez evangélica en este tipo de
conflictos que, en buena parte, brotan a causa de la profunda crisis
que estamos sufriendo todos, sin saber exactamente cómo caminar
hacia un futuro más fiel al Evangelio.
4. Quiero vivir todo esto desde una actitud de conversión a Dios.
Con ser muy importante, creo que nuestro problema principal no es la
precisión teológica en la formulación de la doctrina de la Iglesia.
Lo primero es despertar y potenciar nuestra conversión a Dios,
siguiendo de cerca los pasos, las actitudes y el espíritu de ese
querido Jesús en el que se ha encarnado y revelado. Creo que,
alimentando entre nosotros la mutua descalificación y condena, no
estamos caminando hacia la conversión que necesitamos en la Iglesia.
5. Naturalmente, estoy sufriendo. Es normal. Sufro,
sobre todo, al ver sufrir a las hermanas con las que vivo, a mis
seres queridos, a mis amigas y amigos. A veces, no sé que decirles,
ni cómo explicarles lo que está sucediendo. A algunos los veo
desconcertados y apenados. Se me parte el alma. Pienso también en lo
que pueden sufrir pronto el obispo de Tarazona y quienes me condenan,
al menos si leen y escuchan lo que se está diciendo contra ellos.
¿Es necesario este tipo de sufrimiento? ¿Es el sufrimiento exigido
por nuestra conversión a Jesús? No lo sé. Yo lo quiero vivir
tratando de humanizarlo y orientarlo hacia la búsqueda de una
Iglesia más fiel al evangelio.
6. Sufro al vivir en estos momentos una experiencia extraña que
nunca antes había conocido. Siento que algunos sectores de
la Iglesia quieren acallar mi voz y apagarla. Según ellos,
hace daño a la Iglesia. Quiero escucharlos sinceramente para ver si
me ayudan a ajustar mejor mi mensaje al espíritu del evangelio de
Jesús. Por ahora, todo esto no me desalienta sino que me estimula.
Jesús me está llevando a amar cada vez más a la Iglesia. Por eso, no
me contento con una Iglesia cualquiera. La quiero ver cada día más
fiel a Jesús, más llena de su Espíritu. Por eso, seguiré empeñado en
esta tarea, escuchando a quienes me ayuden a vivir de manera más
evangélica y aportando, por mi parte, mi pequeño «grano de mostaza».
Por fin, Jesús me está dando fuerzas para amar más a la Iglesia que
a mi propia tranquilidad, mi imagen o mi prestigio personal.
7. Mientras tanto, estos días voy preparando mi espíritu para
responder a tanto ataque y condena. Quiero encontrar el tono
evangélico adecuado y palabras buenas, claras,
constructivas y esperanzadoras. Lo importante para mí no es defender
mi libro. Es fruto muy querido de muchos años de reflexión y
meditación, pero no deja de ser una aportación modesta dentro de la
ingente tarea de conversión que le espera a la Iglesia en los
próximos años, si quiere sobrevivir entre nosotros. Lo que busco es
que no seamos los teólogos ni los obispos los que cerremos a la
gente sencilla las puertas para encontrarse con Jesucristo, el único
que puede salvar a nuestra Iglesia. Me esforzaré por mostrar mi
verdad humana, cristiana y teológica con mi vida, más que con mis
escritos.
José Antonio Pagola
Fiesta de la Epifanía del Señor